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Según el diccionario, las palabras don y doña tienen la siguiente etimología:

don, doña

Del lat. domĭnus 'señor'; la forma f., del lat. domĭna.

Sin embargo, aunque su origen queda claro lo que no me queda claro es la evolución que han sufrido para llegar desde domĭnus hasta don. Y más teniendo en cuenta que las mismas palabras domĭnus, domĭna también dieron origen a dueño/a.

Así pues, ¿cuál fue la evolución que nos dio don, doña? ¿Por qué el femenino originó una ñ cuando otras palabras que acaban en -ón tienen el femenino en -ona? (Ejemplos: abusona, besucona, campeona...)

  • @walen ¿y por qué donna y no dona? – Charlie Feb 6 '18 at 8:44
  • En neerlandes y ingles, se usa Dom para el orden eclesiástico. Yo tambien creo que es del origen de dominus. De ahi derivo Dom -> Dom Perignon, la iglesia de Utrech DomKerk (Dom+kerk), la plaza Dom... en.wikipedia.org/wiki/Dominus_(title) Domina se abrevia Dna. -> Donna, doña. – AlexBcn Feb 6 '18 at 9:13
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Las alternancias don/dueño y doña/dueña parecen ser resultado de un proceso de cambio fonológico diferencial, aunque a primera vista sugieren dobletes etimológicos. Paso a explicar más abajo, notando que la fuente de ambas hipótesis es este sitio web, no muy conocido por su confiabilidad, aunque en este caso las explicaciones son claras y plausibles.

Un doblete etimológico es un par de palabras que derivan del mismo origen pero que tienen formas diferentes, generalmente porque fueron incorporadas a la misma lengua en dos ocasiones diferentes. En castellano esto suele pasar con los cultismos: la misma palabra latina experimentó por un lado su cambio regular al pasar al romance y al castellano, y por otro fue preservada o reincorporada en el registro literario o formal en una forma más conservadora. Por ejemplo, son dobletes llave y clave, hembra y fémina, etc.

Esto podría explicar don vs. dueño si asumimos que el latín dominus fue apocopado a *dom (cuando era un título) en tiempos muy tempranos, antes de que el romance diptongara la o corta. Pero parece que no fue así.

En cambio y por lo que explica la fuente citada, lo que ocurrió fue que, cuando se usaban como títulos frente al nombre propio, las palabras que luego serían don y doña se hicieron átonas, es decir, proclíticos sin acentuación propia, como los artículos. (Cuando uno dice don Felipe fonéticamente sólo se "escucha" una palabra llana de cuatro sílabas.)

En muchas de las lenguas romances la antigua o corta del latín (luego o abierta [ɔ]) diptongó, pero sólo cuando era vocal tónica. Ésta es la razón de que en castellano existan los verbos con raíz alternante del tipo volar ~ vuelo. Fue lo que pasó en este caso: don < *domne < domine (vocativo de dominus) perdió su acentuación propia al incorporarse fonéticamente a la palabra siguiente, y su vocal dejó de estar sujeta a la regla de diptongación. Lo mismo ocurrió con doña < donna < domina.

La razón de que doña tenga una ñ es que domina primero sincopó en domna, que luego se simplificó a donna, y la nn geminada se transformó en ñ en castellano. En realidad, viendo el par don/doña, lo que alguien sin conocimientos de castellano podría preguntarse es por qué don no es cambio *doñ. En castellano no hubo una palatalización tan generalizada de /l/ y /n/ en distintas posiciones, como sí la hubo (por ejemplo) en catalán.

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